ARTE CONTEMPORÁNEO
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MANUEL QUINTANA MARTELO. M a r e a

Detrás, una parte junto a la otra
Xosé Manuel Lens


Detrás del paisaje, del retrato, de la escena. Donde el biombo esconde sus tramas, las arquitecturas invisibles y las lógicas estructurales, queda la carne de la experiencia, los días, las horas. Queda tiempo y solo tiempo. Cuando esa temporalidad se empapa y penetra entre las aberturas del pincel, pidiendo paso y largas esperas, la obra de Quintana Martelo adquiere la mejor de sus posibles explicaciones.Son espacios familiares, reconocidos, personajes ausentes y escenas recreadas, que marcan los instantes de una pintura que progresa, que almacena etapas plegadas y abiertas en equilibrados niveles, que avanza para repensar, en la misma tarea del lector de diarios, el corredor de fondo o el observador del silencioso susurro del caracol.

Obradoiro I, 2010. Óleo sobre lienzo, 200 x 300 cm. Obradoiro II, 2010. Óleo sobre lienzo, 200 x 300 cm.
Su obra está trazada en relatos que se renuevan conscientemente —paisajes, naturalezas muertas, retratos— destinando las primeras impresiones al paseante pero reservando la lectura completa de su diccionario al público atento que observa y revisa todas las partes, las que muestra el biombo, las que leen lo cotidiano o aquellas que perduran en los márgenes. Todas esas fracciones, de carne que se disfraza de piel, de ventanas casi transparentes, de escenas imaginadas, de paisajes divididos, son elementos que definen su trayectoria y tildan muchas de las nuevas obras presentadas en esta exposición, puntos de seguimiento de historias contadas, precisamente, en continuidades de tiempos fraccionados: secuencias, dípticos, fragmentos. Detrás, una parte junto a la otra.
Call 911, 2010, Óleo sobre lienzo, 114 x 228 cm.
7th Ave - 34th St, 2010. Óleo sobre lienzo, 114 x 311 cm.
La composición, tiempo detenido y tiempo distanciado, queda aparentemente separada del pincel, desprendida en varios episodios. Son los mismos eslabones con los que se organizan, en un ejercicio constructivo, lienzos compuestos en dípticos o esculturas en secuencias verticales. Una dualidad que emociona desde el contraste de la narración, como los ciclos en suspenso de las viñetas y los versos. Pero la verdadera importancia no reside solo en el componente sustantivo sino en el nexo que se genera entre esos ciclos, en el hilo de narración de la pincelada, del proceso de tiempo, del deliberado diálogo entre abstracción y concreción, del pincel que se detiene orgánico, case moldeando los bordes, las superficies de flores y platos, o intencionadamente expansivo en las formas que inundan otras escenas, buscando geometrías y manchas en formación. Será ese ritmo casi literario el que acompaña escenas de naturalezas muertas, del estudio del artista o del paisaje urbano y, a su lado, el rumor o el envés de esas realidades, de esos territorios. Nunca sabemos cual de las dos inició el relato: lugares que respiran al lado de otros lugares, como los testimonios del habitante curioso, cuando el tiempo se entrecruza, se superpone. El mensaje del artista en su espacio íntimo, sin reposar la mirada, mientras el tiempo late detrás de las escenas.
Roses St, 2010. Óleo sobre lienzo, 143 x 116 cm.
La pintura se reconoce en las superficies, con sus recodos y sombras, también en los instantes donde reposa el pincel junto a platos con pigmento seco. Las piezas escultóricas que acompañan los lienzos y dibujos, realizadas en bronce y madera, guardan toda la fuerza de la pintura pero ahora, en un ejercicio de exigencia, se reinventan para modelarse y latir en volúmenes que mantienen la energía de mínimos, de contenidos y narraciones que describen su trayectoria creativa, como son las temáticas de naturalezas, los iconos o referencias pictóricas, los elementos compuestos a modo de poemas demorando la gravedad o la recomposición de objetos y utensilios, que explican sus reconocidos argumentos de cronologías pictóricas prolongadas. Estas nuevas composiciones, que insisten en los elementos objetuales, prosiguen como metáforas del paso del tiempo impreciso, melancólica y poéticamente expresivo, detenidamente incontrolado.
No xardín III, 2010. Óleo sobre lienzo, 81 x 93 cm. No xardín IV, 2010. Óleo sobre lienzo, 81 x 93 cm.
Las composiciones: momentos de ingravidez, también de esbozo, que delatan la fragilidad del momento. Una cotidianeidad radical de motivos pictóricos, simbólicos desde su origen: los fragmentos de tonalidades verdes, algunas quebradas, la figura del pintor en su estudio flanqueado por su propio proceso de trabajo o las superficies de componentes que retienen luz, brillos, como sucede en las pinturas las bolsas de plástico, los muros pintados y las cabinas telefónicas de acero. Siempre esa escena que desnuda, que allana el camino de la pintura hacia sus fuentes, hacia el presente, definida en un tramo intermedio: ser pintura y ser realidad.
No xardín I, 2010. Óleo sobre lienzo, 81 x 93 cm. No xardín II, 2010. Óleo sobre lienzo, 100 x 116 cm.
Sus superficies, manto de capas unificadas en la densidad de la gravedad, juntan y abren planos con la exactitud del cirujano. Una severidad que siempre conlleva su diferencia, su contraste crítico, relatado al recorrer cada una de las obras, que adquieren la capacidad propia del observador de trazos lentos, depurados, en figuraciones que se unen pero prenden en sus interiores, para destinar largos párrafos, tiempos de huellas nunca invisibles.
As Victoria, 2010. Óleo sobre lienzo, 114 x 117 cm.
Cuestiones que comprendemos precisamente cuando la pintura se reconoce en la escultura, en esas superficies densas que relumbran en su justa medida, pero que recogen la manualidad, la expresión del gesto, de la acción. Esa sensación de trabajo casi infinito, que se erosiona, que guarda lo cotidiano del cuaderno escrito para ser revisado, con manchas, tachaduras, con esa luminosidad pictórica que resbala sobre el bronce y ni siquiera se retiene en la madera que, compuesta a modo de cerramiento, une la escena con el suelo. Serán esculturas de planos horizontales, donde una escoba ejerce su acción, los platos amontonados crecen en inestable almacenaje o los pinceles usados reposan en su eventual destino. Atmósferas que retratan la práctica, pinturas de volúmenes escritos en prosa.
Shanghai, 2010
Madera y bronce, 126 x 55 x 50 cm.
Brush, 2010
Madera y bronce, 86 x 62 x 101 cm.
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