Manuel Quintana Martelo
Cando  nos  enfrentamos  ó traballo  de  Manuel  Quintana  Martelo  é difícil evitar lembrar  as  devanditas  reflexións que estiveron na mente de toda crítica, despois da metade dos oitenta, mais ese presentimento non fai senón revaloriza-las súas tesis,  é dicir,  reforzar  a súa maneira de afronta-la arte desde a carne  mesma  da  pintura: sublima-la idea de representación   como   imaxe  idónea   para  desnuda-la  realidade que prolonga    os   pantasmas    persoais    que    acompañan    a   un    eu tan escindid  como a outredade que se reflexa no espello da vida. Pero a pintura  é  máis  que  un  acontecemento  visual para o artista e nesa meditada elaboración do intelecto que é a historia de cada cadro, este, como terreno da experiencia e da memoria onde transcribe os obxectos do seu entorno máis próximo.
Quintana  eleve  os  recordos  da  pintura a tres décadas atrás, a fin de establecer    un  nexo   entre   aquela   época,   un   estado   da   pintura ensimismada  que  revela o grao  máis kantiano do gusto -o reforzo do significante-, sin outra historia que non sexa a propia vía emocional, e a  nova  opción  doutra  narrativa  máis  obxectiva  que  fai  énfasis  no significado.   En  calquera   caso,   é   o   propio  artista  quen  suliña  o privilexio das emocións:  "O meu traballo é sempre unha resposta a un sentir que teño e na medida que me foi interesando a interpretación da luz, funme acercando á  natureza que temos diante, pola vía formalista, para apoderarme dela"
                                                                                             X. Antón Castro

No niego que las palabras nos ayudan a comprender lo que los ojos ven en silencio, que nuestras palabras dichas por otros o dichas con nuestra propia voz deban callarse.  Sería  tirar piedras contra nuestro frágil tejado y además desmentir una vieja  necesidad del arte :  ser  explicado. Aunque  esa  explicación  sea  siempre  parcial,  escasa, insuficiente, incluso a veces mentirosa.
Es un gran pintor porque pinta lo que  quiere y consigue que nos demos  cuenta  que pinta lo que quiere. Hace que sintamos su desasosiego cuando pinta, su desasosiego cuando vive. Nos llegan sus dudas y sus preguntas. Y nos llega su inquietud de  hombre  y  de  artista  que  no se agota, que puede mostrarnos las dos caras de una realidad encerrada en si misma. Y él está detrás de las dos sin flaquezas. Su mayor habilidad es habernos podido construir en cada uno de sus cuadros un apasionado mapa de su verdad. ¿ Podemos  pedirle  más  a un creador que se nos muestra así de aferrado a su trabajo ?

Marcos-Ricardo Barnatán 

"observador milimétrico de una realidad que sólo su ojo puede ver y que sólo su obra puede expresar", ha desarrollado su voluntad plástica en un territorio en el que los banderines de enganche de las tendencias se vuelven irrisorios, en una intimidad que es espacio de trabajo, marcado por la temporalidad lírica y por la necesidad de comunicar sentimientos hondos a un otro que no es, como sucede tantas veces en la dinámica contemporánea, un mero espejo

Fernando Castro Flórez